Consejos financieros
En la última parte de esta nota veremos como la sobreexposición afectó a Bill Ackman y el exceso de confianza a nada más y nada menos que a Warren Buffett.
Sexto pecado capital: Sobreexposición. Bill Ackman
¿Ha quedado en ridículo alguna vez? Seguramente sean muchas las veces que nos ha pasado, pero hay algunas en especial donde la hemos sacado barata. Y esto es porque posiblemente estábamos solos, o nadie nos vio, y eso sin duda nos dejó tranquilos.
Por el contrario, las personas con alto perfil corren riesgo de quedar fácilmente expuestas. Un funcionario público, un empresario, un periodista o un actor pueden cometer un error delante de las cámaras, y en minutos convertirse en un meme. Por supuesto, esto otorga ciertas ventajas, como los tweets de Elon Musk o Donald Trump, que hacen subir o bajar acciones o criptomonedas en cuestión de segundos. Pero a veces, uno se vuelve esclavo de sus palabras.
Bill Ackman es un inversor graduado en Harvard que desde los 26 años comenzó a trabajar en fondos de cobertura junto con su socio y compañero de universidad David Berkowitz. El estilo de ellos era value investment clásico: analizar empresas que costaran por bolsa menos de su valor real y comprarlas. En poco tiempo, los 3 millones de dólares que administraban se convirtieron en 568 millones para el año 2000.
Como explica la obra Big Mistakes (Grandes Errores) de Michael Batnick, comenzó a sentirse confiado y tomar posiciones en empresas que resultaron ser decisiones no tan sabias. La concentración de capital en posiciones ilíquidas hizo difícil poder afrontar retiros de dinero y para el año 2002 terminó cerrando su fondo de cobertura Gotham Partners.

Para el año 2004, Bill Ackman volvió al ruedo creando un nuevo fondo llamado Pershing Square Capital. Su enfoque iba a ser un tanto diferente, ya que hasta ahora había sido más bien un inversor pasivo. Con esto nos referimos a alguien que compra acciones esperando que el tiempo y el mercado se acomoden por sí solos. En cambio, un inversor activista es quien se involucra de lleno en la empresa. En ocasiones, como es el caso de Ackman, toman grandes posiciones en empresas para intentar forzar cambios.
En ocasiones, esto es de forma amigable, pacífica, en base a sugerencias dadas en reuniones con los directivos. En otras, la cuestión es más agresiva cuando se vota en contra y tal vez se busca alinear a otros inversores a que apoyen cambios. O también, puede ser que busquen la cantidad necesaria de acciones para poner un director en la compañía y forzar esos cambios desde adentro.
Un ejemplo de esto fue lo que hizo Bill Ackman con Wendy’s. Compró un 10% de la compañía e impulsó la venta de Tim Hortons, una cadena de cafeterías. En poco menos de un año, para el 2006, Wendy’s se había apreciado un 55%. Intentó hacer algo similar con MacDonald’s, separando los negocios de bajo margen de rentabilidad, aunque se topó con oposición.
Sin embargo, él mismo reconoce que es una de esas personas que no aceptan un “No” como respuesta. Todo lo preparaba para su gran batalla que estaba por comenzar años más tarde. A todo esto, si bien en Estados Unidos los inversores deben informar cuando compran más de un 5% de una compañía, en el caso de la venta en corto, no es necesario. Pero Ackman iba a cambiar las reglas de juego haciendo una compra en corto que resultaría ser histórica.
Para el año 2012, Herbalife se convirtió en su objetivo. Esta empresa, bastante conocida a nivel mundial, se dedica a la venta de productos para perder peso y suplementos dietarios. Lleva unos 40 años de existencia y ha llegado a expandirse por todo el mundo.
El 20 de diciembre de 2012, Bill Ackman realizó una presentación delante de 500 personas en la que acusó a Herbalife de ser una estafa piramidal. Ackman comentó que la empresa en aquel momento valía más que un montón de empresas de consumo masivo conocidas para un norteamericano y que, a diferencia de estas, ¿quién de los presentes había comprado alguna vez un producto de Herbalife?
El centro de su argumento fue el hecho de que no vende directamente a clientes, sino a distribuidores. Estos a su vez tampoco ganan dinero, según comentó un distribuidor entrevistado, sino que lo hacen reclutando a más y más vendedores. Estas son personas generalmente de bajos recursos, que entran esperanzados con las promesas de entrar al equipo millonario y tener una ganancia de 100.000 dólares al año. Según Ackman, la verdadera posibilidad de llegar a esa cifra es casi nula.

Trece días después de la presentación, la acción de Herbalife había caído un 35%. Pero la cosa se puso complicada porque con ese precio rebajado dos competidores, Dan Loeb y Carl Icahn, tomaron importantes posiciones en la compañía. Era una situación difícil para Ackman, porque con dos fondos de peso empujando el precio de la acción para arriba, mantener esa posición en corto se volvía más y más costoso.
A pesar de eso, con el correr de los meses y años, siguió manteniendo su posición en corto sosteniendo que Herbalife era una estafa piramidal. Sin dudas, él había quedado en una posición bastante complicada. Si se echaba para atrás, después de haber difundido a los cuatro vientos su opinión sobre esta empresa, ¿qué pasaría con su reputación? ¿Quién volvería a invertir con él?
Para el año 2016 la comisión Federal de Comercio condenó a la empresa con 4 cargos por injustas, falsas y engañosas técnicas de venta, por lo que la empresa acordó pagar una multa de 200 millones de dólares y restructurar su negocio. El año posterior se estrenó el documental Betting On Zero, que relata esta lucha de Ackman contra Herbalife.
Para el año 2017, cuando la cotización de la empresa comenzó a subir, Bill Ackman cambió su posición de estar en corto a tener derechos de venta (opciones Put). Para el año 2018, Ackman cerró esta apuesta, dándose cuenta de que en ocasiones hay que cerrar las pérdidas.
Esta lección es muy importante para el inversor: en ocasiones, por más que estemos convencidos de estar en lo correcto, siempre vamos a depender que las demás personas se convenzan. No importa si él, usted o yo pensemos que Herbalife es una estafa. Mientras haya un nutrido grupo de personas (tanto consumidores, como distribuidores y por supuesto, inversores) que estén en desacuerdo, una apuesta de este estilo podría salirnos mal. Y si estamos muy expuestos, sería muy difícil cambiar de parecer ya que nuestra reputación está en juego.

Séptimo pecado capital: el exceso de confianza. Warren Buffett
Seguramente lo vimos en alguna película: antes de despegar, piloto y copiloto siguen una extensa lista de chequeos para asegurarse que todo esté listo para el vuelo. Claro, puede ser que uno se pregunte si realmente será necesario seguirlo al pie de la letra. La realidad es que esto fue pensado para evitar algo que nos pasa a todos los seres humanos: el exceso de confianza. Al tener que seguir esta lista obligatoriamente, se aseguran de nunca pasar nada por alto. Un mínimo error, o el “suponer” que algo funcionaba bien o simplemente menospreciarlo porque es algo que no se usa nunca, podría significar un accidente fatal.
En el mundo de la bolsa, es difícil que un error sea fatal, a lo sumo ocasiona graves pérdidas. Pero no por eso debemos evitar el exceso de confianza. Este “pecado” seguramente sea el más engañoso… porque si evitamos los otros y somos excelentes inversores, tenemos más posibilidades de caer en él. Incluso, el inversor más exitoso de la historia, de quien venimos hablando bastante, Warren Buffett, ha caído en él.
El Oráculo de Omaha, como se lo conoce a Warren Buffett, siempre ha sido franco con sus errores. Los reconoce abiertamente en las cartas a sus accionistas, y resulta un excelente ejercicio para aprender de su filosofía. Uno de estos errores fue lo que ocurrió a principios de los años 90.
Para julio del año 1991, Warren Buffett compró H. H. Brown, compañía estadounidense dedicada a la producción de calzado. En la carta a sus accionistas del año 1994 escribió acerca de esta compra y de lo que constituiría su gran error:
“Lo que hicimos el año pasado fue construido en la compra que hicimos en 1991 de H. H. Brown, una magnifica compañía de zapatos de trabajo, botas y otros calzados. Brown fue un verdadero ganador: aunque teníamos grandes expectativas al empezar, estas fueron superadas considerablemente gracias a Frank Rooney… Debido a nuestra confianza en el equipo de Frank, adquirimos Lowell Shoe a finales de 1992. Lowell es una empresa manufacturera bien establecida de zapatos para mujeres y enfermeros, pero su negocio necesita algunos ajustes.
De nuevo, los resultados superaron nuestras expectativas. Por eso, aprovechamos la posibilidad el año pasado de adquirir Dexter Shoe de Dexter, Maine, que manufactura zapatos para hombres y mujeres a precios populares. Dexter, puedo asegurarlo, no necesita ajustes: es una de las empresas mejor administradas que con Charlie (Munger) hemos visto en nuestras vidas.”
Él estaba tan pero tan contento con las adquisiciones que incluso mencionó que cuando manejaba a su trabajo cantaba “There’s No Business Like Shoe Business” (No hay negocio como el negocio de los zapatos en español, es un juego de palabras con la canción y película There’s No Business Like Show Business, hablando del mundo del espectáculo).

En resumidas cuentas, la compra de H. H. Brown resultó un éxito para Warren Buffett. Esto le llevo a comprar otra empresa más, Lowell Shoe. Pero a su vez, la confianza obtenida en estas dos compras lo llevo a la mala decisión de comprar Dexter’s Shoe. También demostró exceso de confianza en los directivos de ambas empresas… si bien eran excelentes, el problema era otro. Algo que Warren Buffett sabía, como comenta Alice Schroeder en el libro biográfico The Snowball: “Aquí él se había salido de su círculo de competencia, haciendo una apuesta a que el mercado de zapatos importados iba a terminar menguando”.
Durante 5 años, comenzando en 1994, los beneficios declinaron un 57%. En su carta anual de 1999, el reconoce que como principalmente fabrican zapatos en Estados Unidos se ha vuelto muy difícil competir con la importación. En ese mismo año, el 93% de los pares de zapatos vendidos vienen del extranjero, principalmente de países con mano de obra muy barata. Para el año siguiente, admite que la compra fue un claro error. Pero lo peor de todo fue que la compra se hizo pagando con acciones de Berkshire… regaló el 1, 6% de un negocio maravilloso por un negocio que no tenía ningún valor.
En las cartas a los accionistas de 2007, 2014 y 2016 siguió recordando ese error, diciendo incluso que debería estar “en un récord Guinness”. Como nos muestra su ejemplo, hasta el mejor inversor de la historia cometió errores. Esto, en cierta medida, nos debe dejar tranquilos. Por más que alguna vez cometamos alguno de los “pecados” del inversor, aun así, podemos ser inversores exitosos. La bolsa siempre nos castiga a todos los inversores, pero también nos da revancha.
Esta nota forma parte del capítulo 4 del libro «El Inversor de Bolsillo Tres: Invirtiendo para toda la vida». Podés adquirirlo en nuestra tienda.
Debajo podés acceder a las dos notas anteriores:
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